El papel de las ONG

Históricamente las Organizaciones No Gubernamentales de defensa de los derechos humanos, han sido entendidas como entes civiles dedicados a recibir denuncias de las víctimas de violaciones a los derechos humanos, y a hacer denuncias contra el Estado por esas violaciones. Aun cuando éste es efectivamente uno de los fines de las ONG, no es el único, y tampoco debe ser entendido desde una perspectiva cerrada en la que la ONG siempre estará en contra de los Estados y jamás trabajará de la mano con él. Ser No Gubernamental no significa ser Anti-Gubernamental.

En los últimos años hemos visto evoluciones en las relaciones de las organizaciones de derechos humanos con las instituciones del Estado, no sólo en Venezuela sino en todo el continente, debido a transformaciones políticas que se han visto reflejadas en las formas de conducción de algunos gobiernos progresistas. Éstos han favorecido los espacios de encuentro y participación de los diferentes actores sociales, que desde su activismo en derechos humanos tienen la experiencia que los Estados necesitan para avanzar en cambios sustanciales. Vemos el caso de Guatemala donde una ex Fiscal General, Claudia Paz, proviene de la militancia en derechos humanos de ese país; y aquí en Venezuela tenemos casos como el de la profesora Soraya El Achkar, fundadora de la ONG Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, con una experiencia de 28 años atendiendo a víctimas de abusos policiales o militares, y que actualmente se desempeña como Rectora de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad, Secretaria Ejecutiva del Consejo General de Policía y recientemente integra la Secretaría Ejecutiva del Movimiento por la Paz y la Vida.

Estos ejemplos demuestran que las organizaciones de promoción y defensa de derechos humanos, y los y las activistas, deben aportar a la construcción de una sociedad más justa, que elimine las desigualdades y con garantía plena de respeto a los derechos humanos, no solo desde las trincheras de las ONG, sino participando en espacios de construcción colectiva de políticas públicas, brindando a las diferentes instituciones del Estado el apoyo desde su experiencia organizacional, promoviendo y dirigiendo procesos de formación a funcionarios y funcionarias públicas y de organismos de seguridad del Estado, y desde luego, con una denuncia responsable y sustentada de los casos en los que se haya vulnerado los derechos humanos de alguna persona.

En el actual contexto social y político de nuestro país (y de toda la región) una ONG que se niegue a aceptar la invitación que se hace desde las instituciones democráticas del Estado, para participar en la construcción y ejecución de proyectos en beneficio de los DDHH, está de espaldas a la realidad de estos tiempos. Una ONG que no respete las nuevas formas de activismo que se expresan en multiplicidad de espacios diferentes a ellas mismas (Comités, Consejos Comunales y otras formas de organización social), se condena a una posición que no puede calificarse de menos que reaccionaria y que destina indefectiblemente a la ONG a desaparecer en el tiempo

Fuente: El Universal